Oración: BAJO TU AMPARO

Amigo, hoy he leído esta oración llamada Bajo tu amparo, la cual es corta pero que guarda un gran sentimiento.

Dirigida a la Madre de Dios, a la Virgen María, esta oración guarda una fe tal que busca un consuelo de misericordia en quien trajera al mundo a nuestro salvador.

La oración es la siguiente:

Oración Bajo tu amparo

Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien, líbranos de todo peligro,
¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita.

Amén

Oración: ACTO DE CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA

Buenas noches amigos, hoy leí esta oración llamada Acto de consagración al corazón inmaculado de María, la leí en la página de Vatican News, sitio de donde he estado aprendiendo de Dios, por la estructuran que han plasmado.

Esta oración me parece muy especial porque aparte de ser extensa, se trata de una plegaria que toma en cuenta muchas cosas y que plasma la realidad que nos acongoja en estos tiempos.

Uno de los puntos que aborda son:

Los puntos anteriores tocaron mi corazón porque es verdad todo lo que menciona, nos hemos enfrascado en un mundo donde ya no prospera el amor al prójimo, sino el amor egoísta que nos hace actuar sin empatía.

La guerra entre Rusia y Ucrania es un claro ejemplo de egoísmo, al tratar de obligar a un pueblo a ser parte de un país mayor, se están sacrificando vidas, tiempo, momentos importantes y que al final sucederá un final sin sentido pero con muchas manchas de odios y sangre.

Si comprendiéramos al fin que es un mismo planeta, una misma tierra, una misma humanidad, un mismo deseo de vivir, quizás nos miraríamos con compasión el uno al otro.

Esta oración me ha hecho brotar lágrimas de tristeza.

Roguemos a la Virgen María, a los ángeles, a Dios que nos perdonen.

Acto de consagración al corazón inmaculado de María

Oh María, Madre de Dios y Madre nuestra, nosotros, en esta hora de tribulación, recurrimos a ti. Tú eres nuestra Madre, nos amas y nos conoces, nada de lo que nos preocupa se te oculta. Madre de misericordia, muchas veces hemos experimentado tu ternura providente, tu presencia que nos devuelve la paz, porque tú siempre nos llevas a Jesús, Príncipe de la paz.

Nosotros hemos perdido la senda de la paz. Hemos olvidado la lección de las tragedias del siglo pasado, el sacrificio de millones de caídos en las guerras mundiales. Hemos desatendido los compromisos asumidos como Comunidad de Naciones y estamos traicionando los sueños de paz de los pueblos y las esperanzas de los jóvenes. Nos hemos enfermado de avidez, nos hemos encerrado en intereses nacionalistas, nos hemos dejado endurecer por la indiferencia y paralizar por el egoísmo. Hemos preferido ignorar a Dios, convivir con nuestras falsedades, alimentar la agresividad, suprimir vidas y acumular armas, olvidándonos de que somos custodios de nuestro prójimo y de nuestra casa común. Hemos destrozado con la guerra el jardín de la tierra, hemos herido con el pecado el corazón de nuestro Padre, que nos quiere hermanos y hermanas. Nos hemos vuelto indiferentes a todos y a todo, menos a nosotros mismos. Y con vergüenza decimos: perdónanos, Señor.

En la miseria del pecado, en nuestros cansancios y fragilidades, en el misterio de la iniquidad del mal y de la guerra, tú, Madre Santa, nos recuerdas que Dios no nos abandona, sino que continúa mirándonos con amor, deseoso de perdonarnos y levantarnos de nuevo. Es Él quien te ha entregado a nosotros y ha puesto en tu Corazón inmaculado un refugio para la Iglesia y para la humanidad. Por su bondad divina estás con nosotros, e incluso en las vicisitudes más adversas de la historia nos conduces con ternura.

Por eso recurrimos a ti, llamamos a la puerta de tu Corazón, nosotros, tus hijos queridos que no te cansas jamás de visitar e invitar a la conversión. En esta hora oscura, ven a socorrernos y consolarnos. Repite a cada uno de nosotros: “¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?”. Tú sabes cómo desatar los enredos de nuestro corazón y los nudos de nuestro tiempo. Ponemos nuestra confianza en ti. Estamos seguros de que tú, sobre todo en estos momentos de prueba, no desprecias nuestras súplicas y acudes en nuestro auxilio.

Así lo hiciste en Caná de Galilea, cuando apresuraste la hora de la intervención de Jesús e introdujiste su primer signo en el mundo. Cuando la fiesta se había convertido en tristeza le dijiste: «No tienen vino» (Jn 2,3). Repíteselo otra vez a Dios, oh Madre, porque hoy hemos terminado el vino de la esperanza, se ha desvanecido la alegría, se ha aguado la fraternidad. Hemos perdido la humanidad, hemos estropeado la paz. Nos hemos vuelto capaces de todo tipo de violencia y destrucción. Necesitamos urgentemente tu ayuda materna.

Acoge, oh Madre, nuestra súplica.
Tú, estrella del mar, no nos dejes naufragar en la tormenta de la guerra.
Tú, arca de la nueva alianza, inspira proyectos y caminos de reconciliación.
Tú, “tierra del Cielo”, vuelve a traer la armonía de Dios al mundo.
Extingue el odio, aplaca la venganza, enséñanos a perdonar.
Líbranos de la guerra, preserva al mundo de la amenaza nuclear.
Reina del Rosario, despierta en nosotros la necesidad de orar y de amar.
Reina de la familia humana, muestra a los pueblos la senda de la fraternidad.
Reina de la paz, obtén para el mundo la paz.

Que tu llanto, oh Madre, conmueva nuestros corazones endurecidos. Que las lágrimas que has derramado por nosotros hagan florecer este valle que nuestro odio ha secado. Y mientras el ruido de las armas no enmudece, que tu oración nos disponga a la paz. Que tus manos maternas acaricien a los que sufren y huyen bajo el peso de las bombas. Que tu abrazo materno consuele a los que se ven obligados a dejar sus hogares y su país. Que tu Corazón afligido nos mueva a la compasión, nos impulse a abrir puertas y a hacernos cargo de la humanidad herida y descartada.

Santa Madre de Dios, mientras estabas al pie de la cruz, Jesús, viendo al discípulo junto a ti, te dijo: «Ahí tienes a tu hijo» (Jn 19,26), y así nos encomendó a ti. Después dijo al discípulo, a cada uno de nosotros: «Ahí tienes a tu madre» (v. 27). Madre, queremos acogerte ahora en nuestra vida y en nuestra historia. En esta hora la humanidad, agotada y abrumada, está contigo al pie de la cruz. Y necesita encomendarse a ti, consagrarse a Cristo a través de ti. El pueblo ucraniano y el pueblo ruso, que te veneran con amor, recurren a ti, mientras tu Corazón palpita por ellos y por todos los pueblos diezmados a causa de la guerra, el hambre, las injusticias y la miseria.

Por eso, Madre de Dios y nuestra, nosotros solemnemente encomendamos y consagramos a tu Corazón inmaculado nuestras personas, la Iglesia y la humanidad entera, de manera especial Rusia y Ucrania. Acoge este acto nuestro que realizamos con confianza y amor, haz que cese la guerra, provee al mundo de paz. El “sí” que brotó de tu Corazón abrió las puertas de la historia al Príncipe de la paz; confiamos que, por medio de tu Corazón, la paz llegará. A ti, pues, te consagramos el futuro de toda la familia humana, las necesidades y las aspiraciones de los pueblos, las angustias y las esperanzas del mundo.

Que a través de ti la divina Misericordia se derrame sobre la tierra, y el dulce latido de la paz vuelva a marcar nuestras jornadas. Mujer del sí, sobre la que descendió el Espíritu Santo, vuelve a traernos la armonía de Dios. Tú que eres “fuente viva de esperanza”, disipa la sequedad de nuestros corazones. Tú que has tejido la humanidad de Jesús, haz de nosotros constructores de comunión. Tú que has recorrido nuestros caminos, guíanos por sendas de paz. Amén. 

Fuente: Acto de Consagración al Corazón Inmaculado de María

Oración: ACTO DE CONTRICIÓN

Hola amigos, en esta ocasión veremos uno de los actos más importantes para nosotros los creyentes. En este mundo lleno de tentaciones y maldad, somos débiles ante las diferentes situaciones que se nos presenta día a día.

Tenemos un límite en el control moral que es tan delgado que sucumbimos a los actos que van en contra de la palabra de Dios.

El acto de contrición es una manera de solicitar la misericordia de Dios para que perdone nuestras ofensas y nos permita seguir en el camino a la vida eterna, comprometiéndonos a no caer nuevamente en el pecado.

Sin duda, unos de los actos más recurrentes en este mundo falto de fe.

Oración Acto de contrición

Dios mío, 
me arrepiento de todo corazón 
de todos mis pecados 
y los aborrezco, 
porque al pecar, no sólo merezco 
las penas establecidas por ti 
justamente, 
sino principalmente porque te ofendí, 
a ti sumo Bien y digno de amor 
por encima de todas las cosas. 
Por eso propongo firmemente, 
con ayuda de tu gracia, 
no pecar más en adelante 
y huir de toda ocasión de pecado. 
Amén.

Acto de contrición
Oración Acto de contrición

Oración: ACTO DE CARIDAD

Dios es misericordioso con nosotros, nos apoya en los momentos difíciles, nos guía por el buen camino y perdona nuestras faltas.

La gratitud que le tenemos a Dios, debe ser tan grande como su amor por nosotros, tan grande como su infinita bondad.

Esta oración denominada Acto de caridad, representa ese sentimiento de gratitud.

Oración Acto de caridad

Dios mío, te amo sobre todas las cosas 
y al prójimo por ti, 
porque Tú eres el infinito, 
sumo y perfecto Bien, 
digno de todo amor.  
Quiero vivir y morir en este amor. Amén.

Oración Acto de caridad
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Oración: Ángelus

Esta nueva oración llamada Ángelus, es una de las que me llenan de sentimiento al comprender cada una de las líneas que esto evoca, es una oración que nos invita a comprender y agradecer el sacrificio de Jesucrito, nuestro salvador.

Nos recuerda en pocas líneas la existencia de Dios entre nosotros los mortales.

Oración Ángelus

El ángel del Señor anunció a María.

Y concibió 
por obra y gracia del Espíritu Santo.

Dios te salve, María...

He aquí la esclava del Señor. 
Hágase en mí según tu palabra.

Dios te salve, María...

Y el Verbo de Dios se hizo carne. 
Y habitó entre nosotros.

Dios te salve, María...

Ruega por nosotros, 
Santa Madre de Dios, 
para que seamos dignos de alcanzar
las promesas de Jesucristo.

Oremos
Oh Padre, Infunde en nuestra alma tu gracia. Tú, que en la anunciación del Ángel nos has revelado la encarnación de tu Hijo, por su pasión y su cruz condúcenos a la gloria de la resurrección. Por Cristo, Nuestro Señor. Amén.

Oración Ángelus

Oración: PADRE NUESTRO

La oración principal por excelencia dentro de la religión católica es la del PADRE NUESTRO.

Esta oración es la principal iniciativa de conversación con Dios, permite agradecer por las bendiciones recibidas, pedir que sea protegido del mal y alabar la grandeza de Dios.

Por ello, esta oración ha sido de las primeras que he aprendido, desde niño y hasta la fecha cuando me siento mal, o deseo agradecer a Dios, realizo esta oración.

Padre nuestro que estás en el cielo, 
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad 
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy 
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos 
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.